ARTICULO 2

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CÓMO HA CAMBIADO LA PROFESIÓN DEL ARQUITECTO

A 25 años del inicio de la última década del siglo XX, necesario es hacer un alto, para mirar en retrospectiva lo mucho que ha cambiado nuestra ciudad, nuestro país, el mundo y también la profesión del arquitecto. Si hacemos un poco de memoria, a principios de la década de los noventa, los hábitos y forma de vida de los cochabambinos eran algo diferentes a los de ahora, incluidas sus necesidades de espacio.

En esos años, aunque ya se había iniciado la revolución en la informática y las telecomunicaciones, pocos arquitectos utilizaban la computadora para elaborar sus proyectos, esa herramienta hoy de uso doméstico, era mayormente utilizada para elaborar planillas de costos y presupuestos; proyectos como el edificio del periódico “Los Tiempos” y otros tantos, fueron proyectados y dibujados todavía a mano.

La tecnología constructiva utilizada entonces, pugnaba por trascender lo tradicional caracterizado por el uso de mampostería y hormigón armado vaciado in situ, introduciéndose los elementos alivianados en entrepisos; el uso de aluminio y vidrio reflectivo estaba restringido, por su alto costo, y era utilizado en las contadas edificaciones en altura, la mano de obra en la construcción era enteramente masculina, siendo reconocidos los maestros que habían trabajado en la Argentina por su experiencia. Para entonces se había empezado a fabricar cerámica de calidad reconocida en nuestro medio, de ahí que su uso fue difundiéndose con el mármol y el parquet también de industria nacional. Toca reconocer que la imagen de la arquitectura y de la ciudad estaba determinada no sólo por la tecnología, sino por el gusto de las personas, sus posibilidades económicas, la forma de proyectar y construir de esa época y las normas urbanas todavía concordantes con el concepto de ciudad jardín.

A mediados de esa década, con la promulgación de las leyes de municipalidades, de descentralización política y administrativa y de participación popular, se abrió la oportunidad para que las alcaldías de municipios de provincia se fortalezcan, accediendo a recursos y se modernicen; en nuestra ciudad, esto dio lugar a una mayor participación de arquitectos en la gestión pública a través de las casas comunales y al emprendimiento de importantes obras de mejoramiento urbano, priorizándose las acciones sobre algunas áreas verdes y la ejecución de obras en el sistema vial. La participación de los arquitectos en ese periodo fue vital para enfrentar el desafío que significó la modernización del Estado y desde lo privado para satisfacer necesidades emergentes de una ciudad que empezaba a crecer. A principios de los noventa, a nivel gubernamental teníamos un colega arquitecto en el parlamento y otro colega arquitecto como primera autoridad departamental; impulsándose la aprobación de la Ley 1373 del ejercicio profesional del arquitecto, misma que fue promulgada el 13 de noviembre de 1992.

En 1990, existía la carrera de Arquitectura sólo en la universidad pública, años después, se crearon carreras de arquitectura en las universidades privadas —hay que decirlo con modestia— a la sombra del árbol más añejo y de experiencia, que era la Facultad de Arquitectura de la UMSS; pionera también a fines de esa década, en la formación de posgrado, a través de una Maestría en Ciencias de la Construcción, diversificando su oferta académica posteriormente.
El Colegio de Arquitectos de Bolivia, sumaba a inicios de los noventa algo más de dos mil arquitectos colegiados en todo el país y, en Cochabamba, la cifra no superaba los cuatrocientos, suma que contrasta con los ahora cerca de tres mil arquitectos registrados a nivel local y los casi trece mil colegas a escala nacional.

En síntesis, creció la ciudad, creció su población, creció el país, creció la demanda de profesionales y, por supuesto, también se multiplicaron los problemas de forma exponencial, quedando rebasada toda posibilidad de solución a corto plazo.


El autor es arquitecto.


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